“Disfrutar de mi rehabilitación cambió todo”

foto de un marathon inclusivo

Por Igual Más

09/06/2016

   

     Tiene esclerosis múltiple. Debía realizar actividad física y decidió encararla como un goce. Ahora también son desafíos que la estimulan anímicamente. 

    

     

     «Me diagnosticaron esclerosis múltiple cuando tenía 29 años. En ese momento, pesaba más de 100 kilos y estaba trabajando en el sector operativo de una empresa de telefonía celular. Mi tarea era hacer reportes de los inconvenientes detectados y también cargar los datos de los empleados en una base del sistema informático. Tenía mucha responsabilidad y no compartía la tarea, me costaba poner límites». 

     «Comencé a advertir que me sentía mal: me dolía mucho la cabeza y tenía la sensación de que mi voz retumbaba, entre otros síntomas. Con el tiempo, cuando bajaba las escaleras, me tropezaba; o si intentaba tomar objetos, se me caían. No me detenía, a pesar de que podía ser algo complicado, suponía que era estrés». 

     «Estaba acostumbrada a que el cuerpo me respondiera y esta discapacidad me cambió el humor y la tolerancia. No fue una decisión mía ir a los médicos, sino de mi mamá, Rosita, ella fue la que me impulsó a consultar con los especialistas. Se convirtió en mi sombra, en mi hermana gemela, y sacó fuerzas para acompañarme». 

     «Antes de esta discapacidad, había tenido dolores muy intensos en la espalda porque tengo varias hernias. Eso ya me había desgastado bastante y el nuevo diagnóstico me agarró agotada. Fui a un sanatorio, pedí una consulta y el médico me dijo que podía ser jaqueca crónica, pero yo sentía que mi estado iba empeorando. Me derivó a un especialista en enfermedades desmielinizantes, y comencé a tratarme con el doctor Carlos Vrech, quien fue un gran apoyo para mi tratamiento». 

     «Fueron momentos muy delicados para mí. Un día fui a trabajar y quien era mi jefe me dijo que estaba cansado de mi cara de dolor y que quizás en algún momento decidiría cambiar un poco el aire del área y sacarme de mi puesto. Ese mismo día fui al doctor, quien me sugirió que lo mejor era internarme para desinflamar el área del nervio óptico y luego comencé el tratamiento». 

     «Cuando me enteré del diagnóstico, se me pasó una sola cosa por la cabeza: no podría valerme por mí misma. Eso fue lo más shockeante para mí. Pensé que todo había terminado y que tenía que empezar de cero. Empecé el tratamiento con inyecciones que tenía que aplicarme yo misma, hasta hace tres años lo hice sin rehabilitación. Pero después comencé a hacerla luego de una recaída». 

     «Hice rehabilitación visual en el Instituto Helen Keller, donde me hicieron lentes especiales para tolerar la luz porque tenía dificultades para ver y neurorrehabilitación en otro instituto». 

     «Al principio trataba de no demostrar la tristeza y la impotencia que sentía al no poder hacer las cosas que quería hacer. Eso fue muy frustrante para mí. El doctor Vrech me sugirió hacer terapia psicológica y empecé con una profesional que me ayudó a sobrellevar esta situación». 

     «En un momento, esto pasó a ser lo principal en mi vida. Estaba muy desorientada. Mi proceso cambió cuando apareció el doctor Javier Martellotto, un amigo de la familia. Fue una luz que se abrió en mi vida y a través de la actividad física, mi estado de ánimo comenzó a mejorar. También comencé como actividad complementaria, Pilates s con Antonella Lalicata, quien fue un apoyo muy grande para mí».

     «En el grupo Troyanos del doctor Martellotto me sentí muy integrada. Primero comenzamos caminando al lado de una pileta del patio de una amiga; después, probamos con una cinta; luego, algunas cuadras y después, kilómetros. Más tarde, empezamos a correr y a participar en las actividades de Troyanos, un grupo donde hay unos 70 pacientes y expacientes que se mantienen en movimiento». 

     «En la última vuelta de mi primera maratón sentí que no llegaba, pero lo logré. Y unos días antes de correr la de los 10 kilómetros de la Municipalidad me boicoteé y temí no llegar. También lo conseguí. Aprendí a disfrutar de los entrenamientos, no a hacerlo como una rehabilitación, sino como una actividad de disfrute. Ahí cambió todo».

¿Quién es?

     María Sol Constable tiene 37 años. Estudió Ingeniería Electrónica cuatro años. Es trabajadora independiente, repara sistemas informáticos y es diseñadora web. Dicta clases particulares de Matemática y de Física. Es vecina del barrio Poeta Lugones y se entrena en el estadio Mario Alberto Kempes con el grupo Troyanos. 

Corre con su bastón maratones de 5 y 10 kilómetros.

* Diseñadora web y profesora particular.

Fuente de información e imágen: http://www.lavoz.com.ar/salud/disfrutar-de-mi-rehabilitacion-cambio-todo?cx_level=home_lvi_widget

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