Resumen
La Esclerosis Múltiple es la primera causa de discapacidad neurológica no traumática en adultos jóvenes. A través de datos globales y locales recientes, analizamos el impacto de esta enfermedad, por qué el diagnóstico precoz en Córdoba está cambiando realidades y la importancia del acompañamiento comunitario.
Una enfermedad que cambia vidas desde adentro
La Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune, crónica y desmielinizante del sistema nervioso central. El sistema inmunitario ataca por error la mielina — el tejido que protege y recubre las fibras nerviosas —, interrumpiendo la comunicación entre el cerebro, la médula espinal y el resto del cuerpo. Sus efectos son tan variables como las personas que la viven: fatiga intensa, dificultades para caminar, alteraciones visuales, hormigueos o pérdida del equilibrio. Es la primera causa de discapacidad neurológica no traumática en adultos jóvenes, y afecta a más de 2,8 millones de personas en el mundo, según la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple (MSIF, 2023).
La realidad en Argentina — y en Córdoba
Argentina es el país de América Latina con mayor prevalencia de EM, con aproximadamente 17.000 personas diagnosticadas. La relación entre mujeres y varones es de 3 a 1, y el diagnóstico se produce habitualmente entre los 20 y los 40 años — plena etapa productiva y reproductiva de la vida. En Córdoba, el Hospital Córdoba es uno de los principales centros de referencia públicos de la provincia. Un estudio reciente publicado en Neurología Argentina (Elsevier, 2025), realizado en 203 pacientes cordobeses bajo tratamiento, reveló una tendencia alentadora: el tiempo hasta el diagnóstico se ha reducido de manera significativa en los últimos años. Sin embargo, una proporción importante de personas aún llega al tratamiento con demora, con el daño neurológico que eso puede implicar
El diagnóstico precoz cambia el futuro
Hoy existen tratamientos modificadores de la enfermedad (DMT) que reducen la frecuencia e intensidad de los brotes y frenan la progresión del daño neurológico. Cuanto antes se inician, más eficaces resultan. El desafío no es solo médico: es también cultural y sistémico. Muchas personas con EM demoran años en recibir un diagnóstico correcto porque sus síntomas — fatiga, hormigueos, episodios visuales pasajeros — son invisibles o confundidos con otras causas. La EM no tiene cura, pero tiene tratamiento. Y el acceso oportuno a ese tratamiento es, hoy, una cuestión de derechos.
Vivir con EM: el rol de la comunidad y el acompañamiento
El impacto de la EM va mucho más allá de lo clínico. Afecta la vida laboral, las relaciones, la imagen propia y la salud mental. El acceso a redes de apoyo, información veraz y acompañamiento profesional interdisciplinario — neurología, kinesiología, psicología, trabajo social — marca una diferencia real en la calidad de vida. Las organizaciones de la sociedad civil, las personas con EM y sus familias son protagonistas indispensables de ese proceso: su voz orienta políticas, su experiencia guía a quienes acaban de recibir un diagnóstico, y su presencia sostiene lo que la biomedicina sola no puede dar.
Por Jorge Quinteros, Referente de Accesibilidad















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