Principio Operable: cuando de verdad podemos usar una tecnología de verdad

computadora en una mesa

Jose Alvarez Diaz

14/09/2026

Resumen

El artículo aborda el principio de Operabilidad de las pautas de accesibilidad web (WCAG), el cual garantiza que las personas puedan interactuar con cualquier recurso digital y navegarlo de forma autónoma. A través de ejemplos cotidianos y buenas prácticas, se detallan aspectos clave como la navegación completa mediante teclado, el manejo flexible de los tiempos de lectura, la claridad en las etiquetas de los botones, la previsibilidad del contenido y la facilitación del manejo de errores en formularios.

¿Alguna vez entraste a una página y no encontraste cómo volver atrás? ¿Intentaste completar un formulario y se cerró antes de terminar? ¿O buscaste un botón que decía simplemente “hacé clic acá”, sin saber qué iba a pasar?
Son situaciones bastante comunes que también son problemas de accesibilidad.
Cuando hablamos de accesibilidad digital,no sólo se trata de si una persona puede ver o escuchar la información. También hay otra pregunta igual de importante:

¿Puede usarla?

Ese es, en pocas palabras, el principio Operable de las pautas WCAG (Web Content Accessibility Guidelines).
Una página, una aplicación, un formulario o cualquier recurso digital es operable cuando las personas pueden navegarlo y realizar las acciones que necesitan, utilizando diferentes formas de interacción.
Y esto no es tan complicado de llevar a la práctica como puede parecer.

¿Qué significa que algo sea operable?

Pensemos en algo cotidiano: sacar un turno por internet.
La persona entra al sitio, busca la especialidad, elige un día, completa sus datos y confirma.
Ahora imaginemos que:

  • Para avanzar hay que hacer clic en botones muy pequeños;
  • el formulario se reinicia si pasa demasiado tiempo;
  • no se puede avanzar usando el teclado;
  • aparecen ventanas que tapan la información y no sabemos cómo cerrarlas;
  • los botones dicen “acá” o “continuar”, pero no explican qué acción realizan;
  • la página cambia de contenido mientras estamos intentando leerla.

Para algunas personas, estas situaciones pueden ser apenas molestas. Para otras, pueden impedir directamente realizar el trámite de manera autónoma.
Ahí aparece la accesibilidad.

1 Que no todo dependa del mouse

No todas las personas utilizan un mouse de la misma manera. Algunas utilizan el teclado, tecnologías de apoyo u otros dispositivos para interactuar con una computadora.

Una prueba muy sencilla que podemos hacer es esta:

Intentemos recorrer nuestra página utilizando solamente el teclado.
Presionamos Tab para avanzar y Enter para seleccionar.

¿Podemos llegar a todos los botones? ¿Podemos completar un formulario? ¿Sabemos en qué lugar de la página estamos?

Si en algún momento necesitamos volver al mouse porque no podemos continuar, probablemente encontramos una barrera.

Buena práctica: asegurarnos de que los enlaces, botones, menús y formularios puedan utilizarse con el teclado.
Esto puede ser especialmente importante para personas con discapacidad motriz, pero también resulta útil para personas con una lesión temporal o que, simplemente, prefieren utilizar el teclado.

2 No hacer correr a la persona

Hay sitios que parecen obligar a que nos apuremos.

«Tenés 30 segundos para completar el formulario».
«Tu sesión está por finalizar».
«El contenido desaparecerá en 5 segundos».
Pero las personas no procesamos la información todas al mismo ritmo.

Una persona con discapacidad intelectual puede necesitar más tiempo para leer una consigna y decidir qué responder. Una persona con determinadas dificultades motrices también puede necesitar unos segundos adicionales para realizar una acción.

Buena práctica: antes de poner un límite de tiempo, preguntarnos si realmente es necesario.

Si lo es, deberíamos ofrecer una forma de ampliar el tiempo o continuar sin perder lo realizado, cuando sea posible.

3 Que los botones digan qué va a pasar

Hay una diferencia importante entre: «Hacé clic acá» y «Descargar el formulario de inscripción».

El segundo nos permite saber qué vamos a encontrar antes de hacer clic.

Esto parece un detalle, pero para una persona con discapacidad intelectual puede facilitar mucho la comprensión y reducir la necesidad de pedir ayuda.

Lo mismo ocurre con los menús y las instrucciones.

En lugar de: «Para realizarlo, ingresá aquí.» Mejor: «Inscribite al taller.»

La regla es sencilla: decir claramente qué acción puede realizar la persona.

Que la página no nos sorprenda

¿Te pasó que estabas leyendo algo y, de repente, una ventana apareció encima de todo?
¿O que una página empezó a cambiar automáticamente mientras intentabas encontrar una información?

Los cambios inesperados pueden dificultar la navegación y generar confusión.

Esto puede afectar especialmente a personas con discapacidad cognitiva, pero también a quienes utilizan lectores de pantalla, a personas mayores o a cualquiera que esté intentando concentrarse en una tarea.

Buenas prácticas:

  • evitar movimientos y animaciones que no sean necesarias
  • permitir pausar contenidos que se mueven automáticamente;
  • no abrir ventanas nuevas sin avisar;
  • mantener una navegación previsible;
  • evitar que una acción automática interrumpa lo que la persona está haciendo.

5 Que equivocarse no signifique empezar de nuevo

Otro ejemplo muy cotidiano: completar un formulario largo y descubrir, al final, que ingresamos mal un dato.

Si la página borra todo y tenemos que empezar de nuevo, la experiencia puede ser frustrante para cualquiera. Y para una persona con discapacidad que necesita más tiempo o apoyo para completar la tarea puede ser una gran barrera.

Buena práctica: permitir revisar y corregir la información antes de enviarla y, cuando sea posible, conservar los datos ya ingresados.

También podemos mostrar mensajes de error claros. Por ejemplo: En lugar de: «Error 504». Mejor: «El número de teléfono no es correcto. Revisalo e intentá nuevamente.»
El segundo mensaje nos dice qué pasó y qué podemos hacer.

Un ejercicio para hacer hoy

No hace falta esperar a renovar nuestra página web para empezar a trabajar en accesibilidad.
Podemos elegir un recurso que usemos habitualmente: un formulario, una encuesta, un sistema de turnos o una página de inscripción.

¿Puedo utilizarlo sin mouse?
¿Tengo suficiente tiempo para completar la tarea?
¿Los botones me dicen claramente qué hacen?
¿Sé siempre dónde estoy y cómo continuar?
¿Puedo corregir un error sin empezar todo de nuevo?

Si alguna respuesta es «no», ya tenemos algo concreto para mejorar.

Y ese es justamente el valor de pensar la accesibilidad desde lo cotidiano: no se trata solamente de cumplir con un estándar. Se trata de detectar barreras que muchas veces nosotros mismos no vemos porque estamos acostumbrados a utilizar la tecnología de una determinada manera.

María Elisa Fornasari, Equipo de Comunicación

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